Cuando hablamos de arquitectura saludable, hay una dimensión esencial que no podemos ignorar: la emocional.
Cómo nos relacionamos emocionalmente con el espacio, qué sensaciones nos genera y qué nos invita a sentir son criterios que debemos tener en cuenta para que nuestra casa sana nos aporte el bienestar integral que buscamos.
Por ejemplo, hay espacios que nos calman, nos inspiran o nos hacen sentir protegidos, y otros que pueden generar tensión, cansancio o incomodidad sin que sepamos exactamente por qué. La luz natural, las formas, las texturas, la distribución o la conexión con la naturaleza influyen mucho más de lo que imaginamos en nuestro bienestar emocional.
En este artículo exploramos cómo los espacios generan sensaciones y despiertan emociones, por qué la belleza natural no siempre es recta ni minimalista y qué elementos ayudan a crear hogares que transmiten calma, seguridad y bienestar.
Vamos a adentrarnos en esa capa más sutil —pero profundamente importante— de la arquitectura: cómo los espacios impactan en lo que sentimos.
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Índice de contenidos
¿Qué es la Arquitectura Emocional?
Para entender la arquitectura emocional, es interesante conocer diferentes miradas, para luego abrirnos a observar y sentir cómo nos sentimos cada uno de nosotros en los espacios que habitamos.
Una de las ideas centrales de la arquitectura emocional es que el diseño trasciende la estética y la funcionalidad, que hay algo más, y tiene que ver con cómo el espacio genera sensaciones y emociones.
Durante años, se ha buscado estudiar esa conexión entre la arquitectura y las emociones de las personas, y hoy, el concepto de arquitectura emocional es un criterio clave para crear espacios sanos.
La revista EcoHabitar cita a autores como Roger Barker y James Gibson, que demostraron que “los espacios no son meros contenedores, sino entornos activos que influyen en nuestro comportamiento y bienestar”.
Por ejemplo, podemos imaginarnos las diferentes sensaciones que nos generan:
- – Una sala diáfana con ventanales por donde entre la luz natural, que posiblemente invite más a la creatividad y la interacción social
- – Una oficina cerrada, sin ventanas, con luz artificial, con mayores probabilidades de generar estrés o preocupación
Otro referente en este ámbito es Collin Ellard, que en su libro Psicogeografía explica con casos reales de qué manera el entorno afecta nuestras emociones y pensamientos, y plantea la necesidad de tomar consciencia frente a la realidad actual:
«La urbanización, la superpoblación, el cambio climático y los equilibrios energéticos cambiantes nos retan a replantearnos cómo dar forma a nuestros entornos, no sólo para garantizar nuestra supervivencia, sino también para velar por nuestra salud mental».
Espacios y Experiencias
La relación entre lo que sentimos y los espacios que habitamos no es algo nuevo. Ya en la década de 1950, el arquitecto y escultor Mathias Goeritz, de origen alemán-mexicano, puso palabras a esta conexión al conceptualizar el término arquitectura emocional.
Con este concepto, Goeritz quería hacer evidente que la arquitectura es más que algo estrictamente funcional.
Planteaba que los espacios también pueden generar experiencias, despertar sensaciones y provocar respuestas emocionales a través de elementos como:
- – La forma: si son más rectos u orgánicos
- – El color: y sus combinaciones dentro del espacio. Por ejemplo, un techo de un tono más claro que una pared nos dará sensaciones de amplitud
- – La distribución dentro de un mismo espacio, capaz de transformarlo por completo
Si lo miramos desde la perspectiva de la Casa Sana 一una casa pensada, diseñada y construida para cuidar de nuestra salud一 las decisiones relacionadas con la arquitectura emocional no sólo influyen en el presente, sino también en nuestro futuro.
Porque, en definitiva, la forma en la que vamos a vivir nuestro día a día, cómo vamos a descansar por la noche, qué tan bien nos podremos concentrar, relajar, disfrutar… en una casa que nos transmite bienestar va a ser muy diferente a la forma en que viviremos en un espacio que nos infunde miedo, inseguridad o estrés.
Por eso es que la arquitectura emocional forma parte de la visión de la Casa Sana, donde la salud es integral e incluye el bienestar emocional.
Emociones y Casa Sana
Diferentes estudios han demostrado que, si bien hay emociones que son propias de la historia y vivencia de cada persona, hay percepciones comunes, especialmente cuando hablamos del diálogo con la naturaleza en la arquitectura:
- – La luz natural regula el ritmo circadiano, mejora el estado de ánimo y reduce el estrés. Incluso hay estudios hechos en el ámbito de la salud, que muestran cómo los espacios con luz natural y vistas a un jardín contribuyen a la recuperación de las personas.
- – Las texturas y materiales rugosos y orgánicos transmiten calidez y seguridad
- – Los techos altos fomentan el pensamiento creativo
- – Los materiales naturales como la madera, el barro o la piedra contribuyen a crear espacios más acogedores.
Tal y como nos explica Marisa Bandera, bioarquitecta especializada en inteligencia emocional y parte de nuestro equipo en HabitaBio:
“En la naturaleza las formas son irregulares, no rectas, y en lo irregular nuestra mente imagina todo más bello. Cuando todo es recto, repetido, igual… la mente se aburre y no hay cabida para la belleza. Las irregularidades fomentan la imaginación y que cada persona pueda imaginar lo que ve bello”.
Por ejemplo, las paredes de cal no quedarán perfectamente lisas y un suelo de madera podrá tener alguna mancha o imperfección, pero ahí está la belleza, en lo natural.
Nuestro cuerpo lo sabe, por eso está cómodo, en calma y en paz en la naturaleza.

