Una de las preguntas que más recibimos en HabitaBio es si hacer o reformar una casa sana va a salir más caro que una “convencional”
(Y lo digo entre comillas, porque realmente, hay una parte del mercado que nos quiere vender el exceso de hormigón, plásticos y múltiples tóxicos como lo convencional, cuando en realidad son producto de la hiper aceleración del consumo y la industria del último siglo).
Y la respuesta corta es: depende.
Hay materiales naturales cuyo precio puede ser superior al de algunas alternativas “convencionales”, pero también existen muchas soluciones saludables con un precio muy similar. Y a veces, incluso, menor.
Pero lo que realmente marca la diferencia en el presupuesto de una obra no es sólo el material en sí, sino las decisiones que se toman antes, al planificar, y durante el proceso.
Como ocurre en cualquier construcción o reforma, siempre existirán factores que escapan a nuestro control. Una obra nunca es un camino completamente lineal: pueden aparecer imprevistos, cambios o necesidades que no estaban previstas.
Sin embargo, podemos hacer mucho para que ese proceso sea más tranquilo.
Cuanto mayor sea el conocimiento previo y la planificación que hagamos, mayor será también la capacidad para tomar buenas decisiones cuando aparezcan esos imprevistos.
Así que en este artículo vamos a abordar los errores más frecuentes que acaban haciendo más cara la reforma o construcción de tu casa sana, para que al conocerlos, puedas evitarlos a tiempo.
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Error 1: Empezar la obra con expectativas poco realistas
Con la emoción por construir o reformar tu casa, muchas personas imaginan que todo saldrá según lo previsto, o que los tiempos serán menores que los que acaban siendo.
Pero una obra es un proceso vivo. Pueden surgir modificaciones, retrasos en suministros o pequeños cambios que obliguen a adaptar alguna partida.
Por eso es fundamental manejar las expectativas desde el principio, para llegar preparados.
Cuando el proyecto está bien definido desde el principio, con las partidas claramente descritas, materiales especificados y presupuestos detallados, el margen para la improvisación disminuye enormemente.
En una casa sana esto cobra todavía más importancia. Por ejemplo, no basta con indicar «pintura» o «aislamiento», sino que es necesario incluir las indicaciones del tipo de material o acabado que hemos escogido y tener claridad sobre el presupuesto.
Cuanto mayor sea la definición del proyecto desde el inicio, menos decisiones habrá que tomar con prisas durante la obra, que es precisamente cuando suelen aparecer los sobrecostes.
Error 2: Cuando no reservamos un presupuesto para los imprevistos
Hay una recomendación que damos siempre a nuestros clientes de Asesorías Individuales y Alumnos del programa Casa Sana: nunca destines el 100 % de tu presupuesto a las partidas de la obra o reforma.
Aunque todo esté muy bien planificado, siempre pueden aparecer circunstancias inesperadas.
Quizás, al levantar un suelo aparezca una instalación antigua que haya que sustituir. O un problema de humedad que no era visible. O una mejora que merezca la pena incorporar durante la ejecución. O quizás, un material que cuando empezamos a construir sube de precio.
Por eso, recomendamos contar con un margen económico para estas situaciones. Y esto no significa asumir que la obra va a salir mal, sino entender cómo funciona cualquier proyecto de construcción.
Ese colchón económico aporta algo muy valioso: tranquilidad. Y cuando las decisiones se toman desde la calma y no desde la urgencia económica, entra el criterio y decidimos correctamente.
Error 3: Cuando intentamos ahorrar prescindiendo de informarnos antes de empezar
Este es probablemente uno de los errores que salen más caros (y uno de los motivos por los que creamos nuestro programa Casa Sana, para que cada persona que quiera construir o reformar su casa, o hacer sus proyectos más sanos, tenga la información que necesita)
Es importante entender que la bioarquitectura es mucho más que utilizar materiales naturales.
Tiene que ver, también, con entender cómo interactúan entre sí todos los elementos de la vivienda para crear un ambiente saludable, duradero y confortable.
Por eso, no basta con comprar un buen aislamiento de fibra de madera o aplicar una pintura a la cal.
Hay que saber cuándo utilizarlos, cómo colocarlos y cómo hacer que trabajen junto con el resto de materiales y del diseño del edificio.
Una mala ejecución puede generar patologías constructivas que después resultan muy costosas de solucionar.
Por ejemplo, un cerramiento mal diseñado puede favorecer condensaciones interiores. Si el vapor de agua no puede gestionarse correctamente, la humedad queda atrapada dentro de la vivienda y aparecen mohos, deterioro de materiales y problemas de calidad del aire.
En ocasiones llegan a HabitaBio personas que decidieron realizar parte de la reforma por su cuenta, sin más conocimiento ni asesoramiento que la información que encontraron por Internet.
Y si bien en Internet hay mucho contenido muy valioso, no es suficiente para construir o reformar tu casa. Luego es necesario ir hacia atrás, a veces rehacer parte del trabajo para solucionar problemas que podrían haberse evitado desde el principio.
Todo esto puede evitarse cuando tienes el conocimiento previo y profesionales de confianza para la ejecución, como podrás encontrar en nuestro programa Casa Sana.
Error 4: Cuando dejamos la planificación para el último momento
Una de las mejores maneras de ahorrar dinero es empezar antes, en el momento en que tienes tu terreno o tu casa para reformar.
Cuando una obra se prepara con tiempo es posible solicitar varios presupuestos, comparar alternativas, estudiar proveedores, valorar distintas soluciones y resolver dudas antes de que empiece la ejecución.
También es mucho más sencillo coordinar a todos los profesionales implicados y evitar decisiones precipitadas.
La planificación aporta orden, y el orden reduce errores y decisiones tomadas desde la urgencia, sin criterio. Y esto en definitiva nos ahorra mucho dinero y dolores de cabeza.
Error 5: Minimizar el “coste invisible”, el de la salud
Por último, hay un coste del que apenas se habla cuando se compara el precio de una vivienda “convencional” con el de una casa sana: el coste para nuestra salud.
Pasamos alrededor del 90 % de nuestro tiempo en espacios interiores. La calidad del aire que respiramos, los compuestos orgánicos volátiles (COV) que desprenden algunos materiales, la presencia de humedades y mohos, o la capacidad de una vivienda para regular de forma natural la temperatura y la humedad influyen en nuestro bienestar cada día.
Una exposición continuada a un ambiente interior impregnado de tóxicos -pinturas, suelos, mala calidad del aire, pegamentos…- puede contribuir a problemas respiratorios, alergias, dolores de cabeza, fatiga o un menor confort cotidiano.
Entonces lo habitual es salir fuera a buscar soluciones, cuando lo que nos enferma es nuestra propia casa.
En cambio, una vivienda diseñada con materiales saludables, una buena ventilación y soluciones constructivas adecuadas favorece un entorno más confortable y saludable para toda la familia.
Por eso, cuando hablamos del coste de una casa sana, conviene ampliar la mirada.
No se trata solo de cuánto cuesta construirla hoy, sino de cuánto puede costarte vivir durante años en un espacio que no cuida de ti.
Una casa sana es una inversión en bienestar, en salud y en calidad de vida.
Y esa es, probablemente, una de las decisiones más rentables que podemos tomar para nuestro futuro y el de nuestra familia.
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