Arquitectura sana y tradicional: lecciones históricas de bioconstrucción y diseño sostenible

Arquitectura sana y tradicional

Hoy, al caminar por nuestras ciudades, nos puede parecer que lo habitual en la humanidad es vivir de espaldas a la naturaleza. Sin embargo, si miramos atrás, descubrimos que no hace tanto tiempo que empezamos a hacerlo.

Aunque términos como sostenibilidad, eficiencia energética o casa sana suenan plenamente contemporáneos —y en cierto modo lo son—, muchos de sus principios ya estaban presentes en la forma de construir del pasado.

En este artículo recorremos algunos criterios de construcción entre los siglos XVI y XIX para rastrear las huellas de una arquitectura que, sin llamarse así, ya tenía principios de casa sana.

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La Arquitectura Vernácula como antecedente de la bioconstrucción

La arquitectura vernácula, también llamada “popular” o “tradicional” es la que nace de la relación directa entre las personas y su entorno, donde los materiales de construcción se extraen del entorno cercano, por ejemplo:

  • – Piedras propias de la montaña que tenemos cerca
  • – Arcilla o tierra propia del lugar, integrada en la construcción
  • – La pintura a la cal para revestir, proteger y decorar paredes de piedra o adobe

 

Esta vinculación con los materiales que se recogen del propio paisaje hacen que la integración entre arquitectura y entorno sea natural y dialoguen entre sí. 

Durante siglos, este estilo de arquitectura ha sido una respuesta natural a las condiciones de cada lugar y nos puede servir hoy de ejemplo y de inspiración.

Por ejemplo, en el proyecto de investigación europeo VerSus se han explorado las enseñanzas de la arquitectura vernácula de Francia, Italia, Portugal y España y se han sistematizado en principios medioambientales, socioculturales y socioeconómicos que hoy inspiran a la arquitectura contemporánea respetuosa con el medioambiente y el entorno.

En este artículo compartiremos algunos de sus hallazgos, que pueden verse en detalle en la publicación “VERSUS. PATRIMONIO PARA EL MAÑANA. Conocimiento vernáculo para una arquitectura sostenible” (disponible en inglés)

 

Aprendizajes de los pueblos del Mediterráneo

Al observar los pueblos tradicionales del Mediterráneo, descubrimos muchas lecciones sobre cómo vivir en armonía con la naturaleza. 

A lo largo del tiempo, estas comunidades fueron acumulando conocimientos prácticos basados en la experiencia, que les permitieron adaptarse y mejorar su forma de construir y habitar. 

Su objetivo era aprovechar al máximo el clima y los recursos naturales, e incluso convertir condiciones difíciles —como el calor extremo o los desiertos— en ventajas para la vida cotidiana.

Por ejemplo, podemos observar la relación entre la forma construida y las condiciones climáticas a través de diferentes elementos, como es la forma de los asentamientos en sí y el característico patio mediterráneo.

Asentamientos Mediterráneos en zonas cálidas

En el Mediterráneo, donde tenemos dos zonas climáticas diferenciadas, podemos observar que la forma y el tipo de los asentamientos surgen en relación con la interacción entre el sol y el viento, particularmente en dos estructuras urbanas: 

  • – la ciudad compacta en regiones cálido-áridas 
  • – y la ciudad de derivación hipodámica (con manzanas rectangulares y calles rectilíneas) en zonas de clima templado

En climas cálidos y áridos, como los de las regiones mediterráneas del norte de África, los oasis del desierto del Sahara en territorios egipcios, libios y también marroquíes, los asentamientos adoptan una forma compacta para aprovechar el efecto de volumen y mitigar las altas temperaturas

Asimismo, el uso del agua en espacios públicos y privados es importante por los efectos de la evaporación, que atenúan las temperaturas muy elevadas.

 

En estas regiones, las viviendas tienden a tener: 

  • – forma cúbica, 
  • – alta inercia térmica 
  • – y materiales de construcción pesados. 

 

En zonas de clima templado podemos encontrar las ciudades de derivación hipodámica, un sistema de planificación urbanística que proviene de la antigüedad y se ha adoptado, por ejemplo, en los ensanches de diferentes ciudades europeas

Un caso de planificación en cuadrícula que preveía, además, la presencia de naturaleza en la ciudad es el Plan Cerdà de Barcelona, donde se había planificado un ensanche que se articulase a través de calles anchas y espacios verdes, con una altura máxima de 16 metros para los edificios y que sólo se construyese en los dos lados de cada manzana, dejando en el interior una zona verde de uso público. Finalmente, si bien el modelo original fue modificado, se puede observar en la zona del Eixample barcelonés la forma de cuadrícula sobre la que se articula esa parte de la ciudad.

Los patios interiores como reservas de aire fresco

En las zonas del Mediterráneo con altas temperaturas, como en Andalucía, ya desde hace siglos que los patios actúan como reservas de aire fresco y los jardines funcionan como los pulmones de la vida urbana. 

Los patios mediterráneos son, de hecho, una de las recetas más antiguas de la arquitectura para combatir el calor. Las viviendas romanas ya lo incorporaban en el siglo I, donde el patio era el corazón de la casa. 

Y es que un patio interior bien diseñado es un elemento clave para regular la temperatura naturalmente, a través de la circulación del aire y la ventilación cruzada. Asimismo, genera un espacio por donde entra luz sin el exceso de calor que entra por las ventanas de forma directa.

En muchos patios de la arquitectura tradicional encontramos también un pozo de agua y vegetación, que aportan mayor frescor y convierten al patio en un refugio natural en épocas de calor.

Los jardines terapéuticos en hospitales

Desde la Antigua Grecia se sabía valorar los beneficios de la naturaleza para la salud y así es que en el hospital de Asclepio en Pérgamo, fundado en el siglo IV a.n.e, estaba rodeado de bosques y jardines donde se cultivaban, entre otras, plantas medicinales.

En la Edad Media, se han documentado hospicios monásticos (siglos XII al XV) donde se cultivaban hierbas y especias, por diferentes motivos:

  • – Proporcionaban plantas medicinales y para alimentación
  • – Generaban aromas agradables
  • – Trabajar en el jardín era una actividad terapéutica

 

Hoy la arquitectura sana promueve reintroducir la naturaleza en los hospitales, y volver a los jardines terapéuticos demostrando la importancia de la luz natural y el contacto con el entorno natural para la recuperación de los pacientes.

Al mismo tiempo, el contacto con la naturaleza se reivindica como algo necesario para los profesionales de la salud que trabajan muchas horas, cada día (o noche) dentro de edificios cerrados. 

Estas son sólo algunas pistas…

A lo largo de la historia, podemos encontrar un legado extraordinario de la vinculación del ser humano con la naturaleza a través de la arquitectura

Hoy todo este patrimonio es una fuente de inspiración y aprendizaje, que nos muestra cómo hay ciertos valores que nunca se deberían haber perdido.

Y la buena noticia es que hoy podemos recuperarlos a través de la bioarquitectura, sumando nuevas soluciones constructivas y materiales naturales para la casa sana de hoy.

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